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Papá, mamá os separáis por el bien de todos, pero de otra manera también es posible

9 Nov 2015

 

Cuando mis padres se separaron me sentí como cuándo vas a comerte 

una galleta y la partes por la mitad pero siempre acaba cayéndose 

un trocito al suelo que ya no puedes recuperar…

 

He comenzado esta entrada con las palabras de un paciente que me han permitido vislumbrar una posible razón de sus dificultades actuales. Su historia me ha ayudado a adentrarme en la experiencia que supone para los niños y las niñas afrontar la ruptura conflictiva de sus padres.

 

Con frecuencia, los menores son testigos de cómo las personas más importantes para ellos se machacan mutuamente. Pero lo más importante, son testigos de cómo sus progenitores los sitúan en el centro de la batalla que están librando y en el reto hostil de ganar su custodia. 

 

Cómo afecta a los menores la ruptura conflictiva de sus padres es un tema que siempre me ha preocupado. El objetivo de esta entrada es poner de manifiesto las dificultades emocionales invisibles de los menores que muchas veces no se perciben desde fuera. Después de leer esta entrada, espero que se entienda mejor que la separación de los padres de manera conflictiva, tiene poco que ver con la resistencia al cambio por parte de los hijos. En todo caso, esto sería reducirlo a las manifestaciones externas que son perceptibles a nuestros sentidos.

 

Del COMO SÍ al ES

 

Las emociones están dentro y la mayoría de las veces no son claramente visibles. Esto es lo que explico a muchos padres y también que hagan el ejercicio de recordar un episodio de su infancia dónde sufrieron una contrariedad y que observen la cara de su madre, de su padre o de ambos… Después, les pregunto por su propia respuesta, pidiéndoles que se centren en ello para ver que emociones y sensaciones suscita en ellos esa respuesta de sus padres y las creencias que pueden estar asociadas. Por ejemplo, durante una salida al parque, a la hora de la comida, del juego o también en un momento de crisis familiar que hayan vivido. Rabia, miedo, vergüenza pero sobre todo desvalorización y culpa son las respuestas que más me han reportado estos padres.

 

Lo que intento con ello es que los padres durante la crisis en su relación de pareja cambien su perspectiva por la de su hijo o hija. ¿Pueden imaginarse lo que es para Julia, Pablo, María, Luís…, que sus padres estén sumidos en un profundo estado de lucha y desencuentro? Que los hace polvo no sólo como pareja, sino también a la hora de desempeñar sus roles como padres. Que les hace decir toda clase de cosas cuando reciben una llamada del otro, a pesar de lo mucho que les gustaba recibir su llamada del día, porque significaba que para él o ella ocupaba un lugar importante en su vida. Que le cogía la mano cuando salían a caminar.

 

Julia, Pablo, María o Luis no entienden ni una palabra. Además, nunca saben de antemano qué humor tendrá hoy papá o mamá, ni mucho menos si van a ser sometidos a nuevos interrogatorios, formulándoles preguntas acerca de sus salidas con su padre o madre, de las personas con las que han estado, etcétera, etcétera.

 

¿Y qué hacen los niños? Sacan la casita de juguete de la caja. Desparraman todas las piezas en el suelo. Entonces, ellos piensan: “espera un momento, le pediré a mama (o papa) que juegue conmigo”. Para ellos ésta es su seguridad, cuando los juguetes están todos desparramados. Tal vez así papá o mamá serán accesibles. Pero inmediatamente se les ordena que recojan todos los juguetes del suelo. ¡Qué mundo tan confuso! Entonces, Julia, Pablo, María o Luís se dicen voy a hacer un dibujo en la pared de mi habitación…, es mucho más sencillo que volver a pedirle que juegue conmigo.

 

Algunos niños se atreven a hacer estos dibujos en otros espacios de su casa. Lo intentan innumerables veces. ¡Oh, mamá, papá, aún no funciona!, me decía Luís. Un día trate de explicarle que no iba a funcionar, que sólo era “hacer como si”. La respuesta fue: “si los otros niños pueden, ¿por qué yo no? Me quede sentada, mirándole con un nudo en la garganta.

 

Lo que marca a los niños no es que papá y mamá ya no puedan vivir juntos (en la jerga de muchos niños, que ya no puedan volver a ser novios). Si se les explica en un lenguaje llano, ellos lo entienden. Lo que les marca es ver a sus padres destrozarse, denigrarse, injuriarse. Esto nunca hará bien al testigo inocente que son.

 

Para ellos es muy confuso ver a sus padres gritándose. ¿Acaso no es lo mismo que siempre les han dicho que no hagan? ¿No grites no significa que no se debe gritar? Pero mamá y papá no pueden dejar de gritarse, ni siquiera cuándo intentan mostrarles el lapicero que han hecho hoy en el colegio. Estos niños siguen temiendo caer de nuevo en el mundo de los enfrentamientos, donde no pueden dar nada por seguro. Si no se respeta una norma sobre comunicación, ¿qué otras normas más no se respetarán, con esa misma facilidad?

 

Que los niños estén completamente atrapados en la separación hostil de los padres y que, al mismo tiempo, se den cuenta de que están llamando la atención es algo que también se puede percibir cuando un adulto juega con ellos. Hasta cierto punto, no les importa, pero los adultos lo vuelven muy real cuando a esta llamada de atención se le confiere una connotación muy negativa. ¡Ningún niño llama la atención por qué sí! 

 

Pienso en el pánico de un pequeño cuando me relataba que su madre, decidida a jugar con él, permaneció echada en el suelo después de “hacer que se había muerto”. Los niños mismos toman muchas precauciones, pocas veces lo hacen porque precisamente su mundo de fantasía puede parecer tan amenazadoramente real, que siempre dejan una salida bien abierta a la realidad. “¿Pero sabes? Ella no estaba muerta de verdad”.

 

Lo mismo se aplica a la problemática de comunicación entre los padres, a sus malos rollos. Poniéndome en la perspectiva de un niño es importante reflexionar sobre las causas de su conducta o sobre sus “llamadas de atención”: ¿realmente se trata de una resistencia al cambio?

Asimismo, la respuesta o respuestas a esta pregunta se pueden poner en la puerta de la nevera. Con todo, espero que esta llamada a la reflexión no sirva para remover  sentimientos de culpa, sino para “darse cuenta” de que existen alternativas de comunicación cuando las cosas no marchan en una relación de pareja. Y que esta otra manera es también un ejercicio muy valioso para el futuro de nuestros hijos.  

 

 

Vectores de hombre y mujer: Freepik by Alekksall

 

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